Si uno busca "tendencias en podología", aparece casi siempre lo mismo: láser para hongos, equipos nuevos, tratamientos "de última generación". Algunas de esas cosas pueden servir. Pero no son lo que más está cambiando el trabajo en una consulta.
Lo que sí está cambiando es más silencioso: hay más pacientes que necesitan controles periódicos y no solo una atención, las guías clínicas ya asignan un calendario al cuidado del pie según el riesgo de cada persona, y la presión por ejercer de forma formal y verificable es cada vez mayor.
En otras palabras, la tendencia de fondo es pasar de atender cuando el paciente llega a hacer seguimiento programado según riesgo. Estas son las señales que respaldan ese cambio, qué tecnologías tienen evidencia y cuáles conviene mirar con más cautela.
¿Por qué hay más pacientes que necesitan controles y no solo una atención?
La primera razón es demográfica. Según los primeros resultados del Censo 2024 del INE, las personas de 65 años o más pasaron de 6,6% de la población en 1992 a 14% en 2024. El índice de envejecimiento llegó a 79 personas mayores por cada 100 menores de 15 años, frente a 56,9 en 2017.
La segunda es la diabetes. La Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 del Minsal —la última con resultados publicados— estimó sospecha de diabetes en 12,3% de las personas de 15 años o más.
Y la diabetes tiene una relación directa con los pies. La norma clínica del Minsal sobre manejo integral del pie diabético señala que una persona con diabetes tiene un riesgo acumulado de ulceración de 15% a lo largo de su vida, y que el pie diabético es la primera causa de amputaciones mayores de origen no traumático.
En términos prácticos, una parte creciente de los pacientes de una consulta de podología no viene por una molestia puntual, sino por una condición que requiere vigilancia en el tiempo. Ese paciente no se "resuelve" en una atención: vuelve, o debería volver.
Las guías internacionales ya le ponen calendario al pie diabético
El cambio más concreto viene de las guías del International Working Group on the Diabetic Foot (IWGDF), la referencia internacional en prevención y manejo del pie diabético. En su actualización de 2023, el IWGDF clasifica a las personas con diabetes en cuatro niveles de riesgo de úlcera y asigna a cada uno una frecuencia de control.
Categoría IWGDF | Riesgo de úlcera | Características | Frecuencia de control recomendada | Controles al año (aprox.) |
|---|---|---|---|---|
0 | Muy bajo | Sin pérdida de sensibilidad protectora ni signos de enfermedad arterial periférica | Una vez al año | 1 |
1 | Bajo | Pérdida de sensibilidad protectora o enfermedad arterial periférica | Cada 6–12 meses | 1–2 |
2 | Moderado | Pérdida de sensibilidad + enfermedad arterial, o cualquiera de ellas + deformidad del pie | Cada 3–6 meses | 2–4 |
3 | Alto | Pérdida de sensibilidad o enfermedad arterial, más antecedente de úlcera, amputación o enfermedad renal terminal | Cada 1–3 meses | 4–12 |
Fuente: IWGDF 2023. La columna "controles al año" es una conversión elaborada por Zagenda a partir de las frecuencias de la guía.
Las guías prácticas del IWGDF 2023 organizan la prevención en cinco pilares: identificar el pie en riesgo, inspeccionarlo y examinarlo regularmente, educar al paciente y su familia, promover el uso de calzado adecuado y tratar los factores de riesgo de úlcera. Varios de esos pilares ocurren, en la práctica, dentro de una consulta de podología.
Qué significa esto en la agenda de una consulta
Pensemos en un ejemplo hipotético: una podóloga que atiende a 60 pacientes con diabetes con riesgo identificado, distribuidos así: 20 en riesgo 1, 25 en riesgo 2 y 15 en riesgo 3.
Aplicando las frecuencias del IWGDF, esos 60 pacientes suman entre 130 y 320 controles al año solo por seguimiento preventivo: entre 20 y 40 del grupo de riesgo 1, entre 50 y 100 del grupo de riesgo 2 y entre 60 y 180 del grupo de riesgo 3.
La conclusión práctica es que el paciente de mayor riesgo es también el que más horas ocupa en la agenda y el que más depende de que alguien se acuerde de citarlo. Si su próximo control queda "para cuando pueda", es fácil que el intervalo se alargue justo en quien menos margen tiene.
Tecnología en podología: lo que tiene respaldo y lo que todavía no
No todas las novedades tecnológicas están en el mismo punto. Vale la pena separar las que tienen evidencia razonable de las que todavía son promesa.
Monitoreo de temperatura del pie en casa: respaldo moderado, uso poco extendido
La idea es simple: una zona inflamada del pie se calienta días o semanas antes de que aparezca una úlcera visible. Si el paciente mide la temperatura de sus plantas a diario con un termómetro infrarrojo y detecta una diferencia importante entre ambos pies, puede reducir su actividad y consultar a tiempo.
Un metaanálisis publicado en 2022 reunió cinco ensayos aleatorizados con 772 participantes en riesgo moderado o alto (IWGDF 2 o 3). Quienes hicieron monitoreo diario en casa tuvieron aproximadamente la mitad del riesgo de desarrollar una úlcera que el grupo control (riesgo relativo 0,51). Los autores calificaron la certeza de esa evidencia como baja.
Por eso el IWGDF 2023 no lo impone: recomienda considerar enseñar a los pacientes de riesgo 2 y 3 a medir la temperatura de sus pies una vez al día. La misma guía reconoce que esta práctica todavía no se aplica de forma rutinaria.
Para una consulta, esto abre una oportunidad educativa más que comercial: enseñar la técnica, explicar qué diferencia de temperatura es una señal de alerta y acordar qué hacer cuando aparece, siempre dentro de un plan de seguimiento con el equipo tratante.
Láser para hongos en las uñas: promesa con evidencia débil
El láser para onicomicosis es probablemente la tecnología más promocionada del rubro. La evidencia, sin embargo, es menos categórica que la publicidad.
Una revisión sistemática de 2014 concluyó que la evidencia sobre su efectividad era limitada y de baja calidad metodológica, con estudios pequeños y sin grupos control. Una revisión con metaanálisis publicada en 2024 encontró resultados favorables y comparables a la terbinafina, pero con pocos estudios y comparaciones limitadas.
En términos prácticos, el láser puede ser una opción complementaria, pero no conviene presentarlo como una cura garantizada. Y en Chile hay una pregunta adicional: el reglamento vigente describe funciones que no requieran medios cruentos ni medicamentos de prescripción (lo vemos más abajo). Antes de incorporar un equipo, conviene confirmar con la Seremi de Salud de la región si ese procedimiento cabe dentro de lo que autoriza la habilitación de cada profesional.
La tendencia menos vistosa: formalizarse y ser verificable
Mientras el trabajo clínico se vuelve más exigente, el marco legal de la podología en Chile sigue siendo antiguo.
Qué establece el reglamento vigente
La profesión se rige por el Decreto 951 de 1968 del Ministerio de Salud, que aprueba el reglamento para ejercer la podología. Según su artículo 2°, son funciones del podólogo atender la higiene y el confort de los pies, pudiendo corregir alteraciones de la piel y las uñas, como el tratamiento conservador de la uña encarnada, el tratamiento de hiperqueratosis simples, el masaje de los pies y el recorte y pulimento de uñas, además de otras que no requieran medios cruentos, intervenciones quirúrgicas ni medicamentos de prescripción médica.
El mismo reglamento distingue dos vías: quienes se capacitan en cursos y obtienen una autorización de la Secretaría Regional Ministerial de Salud, y quienes obtienen un título técnico en un establecimiento de educación reconocido por el Estado, que no requieren esa autorización adicional.
Hay un intento de actualizar este marco. El proyecto de ley que modifica el Código Sanitario para reconocer a la podología como profesión auxiliar de la medicina (Boletín 13838-11) figura entre los proyectos de modificación del Código Sanitario en LeyChile, pero a la fecha de esta publicación no se ha convertido en ley.
Por qué la formalización se está volviendo una ventaja
En julio de 2026, Luisa Arévalo, jefa de carrera de Técnico en Podología Clínica de Santo Tomás, advirtió que muchos técnicos no realizan el inicio de actividades ante el SII. Según su columna, ejercer formalmente implica contar con un título reconocido, inscribirse en el registro de la Seremi de Salud y declarar inicio de actividades bajo un código de atención de salud humana, lo que además permite acreditar que la atención podológica es una prestación sanitaria y no un servicio estético.
A eso se suma el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud, un buscador público donde cualquier persona puede comprobar si un profesional está habilitado. La Superintendencia aclara que la inscripción no es requisito para ejercer, pero sí para otorgar prestaciones garantizadas por el GES.
La interpretación práctica es que, en un rubro donde conviven podología clínica y pedicura estética, poder demostrar la habilitación —y que el paciente pueda verificarla— se vuelve parte de la propuesta de valor, especialmente frente a pacientes con diabetes y a sus familias.
Ideas para aplicar estas tendencias en una consulta de podología
Nada de lo anterior exige comprar equipos. La mayoría de los cambios son de organización:
- Clasificar a los pacientes con diabetes según su nivel de riesgo, en coordinación con el equipo tratante, y registrar esa clasificación en la ficha.
- Dejar agendado el próximo control antes de que el paciente se vaya, con la frecuencia que corresponda a su riesgo. Un intervalo acordado en la consulta es más difícil de olvidar que uno "para cuando pueda".
- Enviar recordatorios antes de cada control, sobre todo a los pacientes de riesgo alto, que son los que más horas ocupan y para quienes un control perdido pesa más. Hay ejemplos de recordatorios por WhatsApp que se pueden adaptar.
- Medir cuántos controles se pierden: la tasa de inasistencia de los pacientes en seguimiento dice más sobre la calidad del seguimiento que el número total de atenciones.
- Incorporar educación en autocuidado: revisión diaria del pie, corte de uñas, calzado y, para riesgo 2 y 3, la posibilidad de monitorear la temperatura en casa.
- Hacer visible la habilitación: la autorización o el título en la consulta, y el enlace al Registro Nacional de Prestadores Individuales en la página o en las redes.
- Tener un protocolo claro de derivación para úlceras, signos de infección o cualquier situación fuera de las funciones que autoriza el reglamento.
Si el desafío es que los controles no dependan de la memoria del paciente ni de mensajes manuales, una agenda de reservas online como Zagenda puede ayudar en esa parte de la operación: permite que los pacientes reserven desde una página propia y reúne agenda, clientes y recordatorios en un solo lugar. No reemplaza la evaluación clínica ni el cumplimiento sanitario, pero sí ordena el seguimiento.
Conclusión: qué debería hacer ahora una consulta de podología
La podología en Chile se está moviendo hacia un trabajo más clínico y más recurrente, empujada por el envejecimiento de la población y por la diabetes. Las guías internacionales ya traducen ese cambio en un calendario de controles según riesgo, y la formalización se está convirtiendo en una forma de diferenciarse.
Antes de invertir en la próxima tecnología, conviene revisar tres cosas: si sabes qué pacientes están en riesgo alto, si cada uno tiene su próximo control agendado y si cualquier paciente puede verificar que estás habilitado para atenderlo.
Referencias
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