Atención felina: el gato que no vuelve al control veterinario.

Los gatos llegan a menos controles que los perros, y buena parte de esa distancia se decide antes de que el tutor entre a la consulta. Qué dice la evidencia sobre dónde ocurre el estrés de la visita, por qué la solución no es atender más rápido y qué se puede cambiar solo con la agenda.

Transportín de gato cubierto parcialmente con una toalla sobre una banca, en una zona de espera veterinaria tranquila y sin otros animales alrededor.

Casi todas las clínicas tienen el mismo patrón en la ficha: el perro vuelve al control, el gato no. Se vacuna de cachorro, aparece una vez por una urgencia y desaparece hasta que algo anda mal en serio.

La explicación que circula es que llevar al gato al veterinario es un suplicio para todos, y que por eso el tutor lo posterga. Es probablemente cierta. Lo interesante es que la evidencia disponible permite decir algo más preciso: se sabe en qué momento de la visita se concentra el estrés, y ese momento no es el examen.

La respuesta corta es que el peak ocurre al entrar, y que lo que lo dispara no es la duración de la espera sino la exposición: otros animales, ruido, olores, una secuencia que el tutor no puede anticipar. Las tres intervenciones con mejor respaldo profesional —separar, hacer predecible y preparar al tutor antes— no requieren remodelar nada. Se deciden en la agenda.

¿Cuántos gatos se están perdiendo los controles?

Conviene partir por lo que no sabemos, porque hay una cifra dando vueltas que se repite sin contexto.

El dato de que solo el 40% de los gatos va al veterinario cada año frente al 82% de los perros proviene del World of the Cat Report de Hill's, presentado en marzo de 2025. Según la cobertura de la AVMA, el informe atribuye parte de esa diferencia al estrés que la visita genera en gatos y tutores.

En Chile la cifra equivalente no existe. El primer estudio de población animal, realizado por la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Católica para la Subdere sobre 17.458 hogares en 35 comunas, contabiliza 8.306.650 perros y 4.176.029 gatos con dueño. Un gato por cada dos perros. El mismo estudio reporta que el 65% va al veterinario al menos una vez al año, pero es una cifra agregada: no separa especies. Nadie ha medido la brecha felina chilena.

Y hay un matiz que rara vez se menciona. El CATalyst Council informó en noviembre de 2025, sobre datos agregados de clínicas estadounidenses, que los felinos alcanzaron el 23% de todas las visitas en el tercer trimestre de 2025 —máximo histórico para ese trimestre— con un alza que supera el crecimiento general por tercer año consecutivo. La brecha existe; también se está cerrando. El segmento felino es el que crece, y eso cambia el cálculo: no es un problema a lamentar, es el margen disponible.

Dónde ocurre el estrés, según la evidencia

Csiplo y Popescu publicaron en marzo de 2025, en la revista Animals, un estudio con 94 tutores rumanos que respondieron un cuestionario de 47 ítems inmediatamente después de una visita veterinaria. Se les pidió calificar el estado de su animal en seis momentos distintos: antes de entrar, inmediatamente después de entrar, tras unos diez minutos en sala de espera, durante el pesaje, al entrar al box y durante la manipulación.

El resultado más claro: el estrés percibido alcanza su máximo inmediatamente después de entrar y desciende de forma estadísticamente significativa a los diez minutos (p<0,001). Entre las conductas reportadas en ese momento aparecen temblor (19,51%), intentos de escape (13,82%) y vocalización (11,38%).

Consultados sobre qué influye en el bienestar del animal durante la visita, los tutores mencionaron el estrés y el miedo (20,20%), la calidad y actitud del personal (19,10%), la presencia de otros animales y personas (11,70%) y el entorno e infraestructura (9,60%). Y al preguntarles qué medidas ayudarían, lo más nombrado fue la comunicación tranquila y gentil (31,37%), seguida de espacio e infraestructura adecuada (21,57%), la presencia del tutor (11,76%) y el manejo gentil (9,80%).

Por qué "hacerlo esperar diez minutos" es la lectura equivocada

Aquí es donde el hallazgo invita a una conclusión tentadora y errónea. Si el estrés baja tras diez minutos en sala, parecería que conviene dejar que el gato se acomode antes de pasar al box, y que entrar directo desde el auto sería contraproducente.

El estudio no permite afirmar eso. La curva describe el descenso posterior a un peak de transición, pero nunca se comparó esperar con no esperar. Un descenso desde un máximo no demuestra que provocar ese máximo y luego esperar sea mejor que evitarlo.

De hecho, los propios autores recomiendan lo contrario: sugieren que los tutores esperen fuera de la sala de espera para reducir la exposición del animal a otros animales, y proponen entradas y áreas de espera separadas para perros y gatos.

Las guías profesionales apuntan en la misma dirección. Las ISFM/AAFP Cat Friendly Veterinary Environment Guidelines (Taylor et al., 2022) recomiendan que la sala de espera sea un área tranquila y sin apuro, y que, idealmente, los gatos tengan un área de espera separada, lejos de la vista, el sonido y el olor de los perros.

La variable relevante, entonces, no es la duración. Es la exposición y la previsibilidad.

La intuición dice

Lo que respalda la evidencia

Atenderlo lo más rápido posible para que sufra menos

Reducir a qué está expuesto mientras espera, sin importar si espera dos minutos o diez

Dejarlo un rato en sala para que se acostumbre

Evitar la sala compartida; esperar fuera o en un área separada

El problema es el examen

El peak de estrés percibido ocurre al entrar, antes del examen

Hay que remodelar para ser cat friendly

Un bloque horario de especie única logra separación sin obra

Lo que sí puedes cambiar en la agenda

Las tres intervenciones con mejor respaldo son decisiones de programación y de comunicación.

Bloques horarios solo para gatos

Es la recomendación más directamente accionable de las guías. Cuando no existe un box exclusivo para felinos, Taylor y sus coautores sugieren programar períodos en que el espacio de consulta sea de especie única, y dan un ejemplo concreto: ofrecer horas solo para gatos una o dos tardes por semana.

Un bloque felino resuelve por programación lo que de otro modo exigiría un segundo acceso y una segunda sala. No requiere inversión: requiere que la agenda permita reservar ciertos tramos únicamente para un tipo de paciente, y que el equipo lo respete cuando llame un cliente con un perro y ese sea el único hueco disponible.

El momento de llegada

Si el peak ocurre al entrar, el objetivo es que el ingreso sea lo más corto y menos poblado posible. Eso significa espaciar las horas felinas para que dos gatos no coincidan en recepción, avisar al tutor que puede esperar en el auto o fuera hasta que el box esté libre, y evitar programar un gato inmediatamente después de una consulta que suele atrasarse.

La sobreventa de horas tiene aquí un costo que no aparece en ninguna planilla: cada minuto de atraso es un minuto adicional de un gato expuesto en recepción.

Instrucciones previas en la confirmación

La confirmación de la hora es el único momento en que la clínica puede influir en lo que ocurre antes de la visita, y casi siempre se desaprovecha diciendo solo fecha y hora.

Las guías de entorno recomiendan que el transportín esté disponible de forma permanente en la casa, como un mueble más y no como el objeto que solo aparece el día del veterinario. Las guías de interacción (Rodan et al., 2022) señalan además que el entrenamiento al transportín acorta de forma significativa los tiempos de examen, lo que tiene un efecto directo sobre la ocupación de la agenda.

Un mensaje de confirmación que incluya dos o tres instrucciones —dejar el transportín accesible los días previos, llevar una manta con olor conocido, avisar al llegar en vez de entrar a la sala— cuesta lo mismo que uno que solo confirma la hora.

Aquí hay una conexión operativa evidente: bloques por tipo de paciente, bloqueos por día o profesional, confirmaciones automáticas al crear la cita y recordatorios previos son funciones de agenda, no proyectos. Un sistema de reservas como Zagenda permite definir esos tramos y enviar la confirmación con el contenido que la clínica decida. No hace cat friendly a una clínica —eso depende del protocolo clínico y del equipo—, pero sí hace posible que el bloque exista y que el mensaje llegue.

Lo que cambia dentro del box

La agenda lleva al gato hasta la puerta. Lo que ocurre después determina si el tutor pide la próxima hora.

Las guías de interacción de 2022 recomiendan permitir que el gato salga del transportín por su propia voluntad y se aclimate a la sala, en lugar de meter la mano para sacarlo o inclinar el transportín para forzarlo. Cuando el gato prefiere no salir, sugieren retirar la mitad superior del transportín y realizar el examen y los diagnósticos con el animal en la base, con una toalla encima que le mantenga la sensación de estar escondido.

Los autores proponen abandonar el término "sujeción", porque implica ausencia de control y de consentimiento por parte del gato, y sostienen que las interacciones sin sujeción resultan más eficientes y efectivas. Las mismas guías incluyen protocolos de medicación previa a la visita para pacientes ansiosos, que son una decisión clínica de cada equipo y exceden el alcance de este artículo.

Sobre la presencia del tutor durante el examen, la evidencia es pequeña pero apunta en una dirección. Hare (2024), con 33 tutores en California y un diseño contrabalanceado en que cada gato fue examinado dos veces —con y sin su tutor, separadas por al menos dos semanas—, encontró que los gatos vocalizaron más cuando el tutor estaba ausente, y que los tutores se sintieron más cómodos estando presentes, especialmente en procedimientos invasivos. El efecto fue conductual y la autora advierte que la muestra es reducida.

Vale la pena retener el segundo hallazgo tanto como el primero: la comodidad del tutor también se está midiendo, y es esa comodidad la que decide si habrá una próxima visita.

Cómo saber si está funcionando

La tentación es comparar la clínica con un benchmark importado. Es más útil medir el propio punto de partida, porque el número que importa no es cuántos gatos se atienden sino cuántos vuelven.

La tasa de retorno felina se calcula así: de los gatos atendidos en un período determinado —por ejemplo, el primer semestre del año pasado—, cuántos registraron al menos una atención en los doce meses siguientes.

Con cifras supuestas, para ilustrar el cálculo: si entre enero y junio del año pasado se atendieron 180 gatos distintos y 74 de ellos volvieron dentro de los doce meses siguientes, la tasa de retorno es de 41%. El mismo cálculo aplicado a los perros del mismo período da la brecha real de esa clínica, que puede no parecerse en nada a la del informe de Hill's.

Medido eso, los indicadores que conviene seguir después de introducir bloques felinos son tres: la tasa de retorno del cohorte siguiente, el porcentaje de horas felinas efectivamente ocupadas —para saber si el bloque es viable o si solo está bloqueando agenda— y la proporción de gatos que sale con la próxima hora ya agendada.

Ese tercer indicador suele ser el más revelador y el más fácil de mover: agendar el control antes de que el tutor salga de la clínica no depende de la evidencia científica, depende de que alguien lo pregunte.

Por dónde partir

Si hoy los gatos entran por la misma puerta y esperan en la misma sala que los perros, hay tres cosas que se pueden probar este mes sin gastar nada.

Elegir una tarde a la semana y reservarla solo para pacientes felinos. Agregar dos instrucciones al mensaje de confirmación de esas horas. Y calcular la tasa de retorno felina del año pasado, para tener contra qué comparar dentro de doce meses.

Si después de eso la clínica quiere avanzar hacia un estándar formal, las guías ISFM/AAFP de entorno y de interacción son el documento de referencia y están disponibles en acceso abierto.

Referencias

American Veterinary Medical Association. 2025. Hill's releases inaugural global cat report amid push to focus on felines. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://www.avma.org/news/hills-releases-inaugural-global-cat-report-amid-push-focus-felines

CATalyst Council. 2025. Cats Claim Record Share of Veterinary Visits as Feline Market Momentum Builds. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://businesswire.com/news/home/20251119060480/en/Cats-Claim-Record-Share-of-Veterinary-Visits-as-Feline-Market-Momentum-Builds

Andrei-Sebastian Csiplo y Silvana Popescu. 2025. Pet Owners' Perceptions of Key Factors Affecting Animal Welfare During Veterinary Visits. Animals 15, 6, 894. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11939186/

Lauren Hare. 2024. Evaluating the Effect of Owner Presence on Indicators of Cat Stress During Routine Veterinary Examinations. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://escholarship.org/uc/item/8p0934bs

Pontificia Universidad Católica de Chile. 2022. Existen 12 millones de perros y gatos con dueños en Chile y 4 millones sin ellos. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://www.uc.cl/noticias/veterinaria-uc-existen-12-millones-de-perros-y-gatos-con-duenos-en-chile-y-4-millones-sin-ellos/

Ilona Rodan, Nathalie Dowgray, Hazel C. Carney, Ellen Carozza, Sarah L. H. Ellis, Sarah Heath, Lee Niel, Kelly St Denis y Samantha Taylor. 2022. 2022 AAFP/ISFM Cat Friendly Veterinary Interaction Guidelines: Approach and Handling Techniques. Journal of Feline Medicine and Surgery 24, 11. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1098612X221128760

Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo. 2022. Primer estudio de población animal en Chile revela que hay 12 millones de perros y gatos con dueños y 4 millones sin supervisión. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://www.subdere.cl/sala-de-prensa/primer-estudio-de-poblaci%C3%B3n-animal-en-chile-revela-que-hay-12-millones-de-perros-y

Samantha Taylor, Kelly St Denis, Sarah Collins, Nathalie Dowgray, Sarah L. H. Ellis, Sarah Heath, Ilona Rodan y Linda Ryan. 2022. 2022 ISFM/AAFP Cat Friendly Veterinary Environment Guidelines. Journal of Feline Medicine and Surgery 24, 11, 1133-1163. Consultado el 14 de septiembre de 2026 en https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1098612X221128763

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